Pieza destacada / Outstanding piece

 

 

Virgen con el Niño



FICHA TÉCNICA:

Titulo: Virgen con el Niño

Autor: anónimo

Técnica: talla de marfil policromada y dorada

Época: siglo XVII-XVIII

Procedencia: iglesia de Buendía (Cuenca)

(pieza en depósito en el Museo Diocesano)

 

 

La pieza destacada en esta ocasión en una escultura de bulto redondo que representa a una Virgen María con el Niño Jesús en brazos. Procede de la parroquia de Buendía aunque es una pieza que actualmente está en el depósito del Museo. Desgraciadamente no se conserva ni el rostro del Niño Jesús ni parte de la policromía y el dorado que tenía en origen. En la escultura, hueca por dentro, se puede observar la deformación propia de los cuernos de marfil. Esta pieza formó parte de una exposición sobre el Marqués de Santillana que se celebró en el año 2001 titulada "El Marqués de Santillana 1398-1458. Los albores de la España Moderna".

A continuación se puede leer diversa información sobre el marfil extraída de diferentes fuentes donde se muestra desde los usos iniciales del marfil hasta los actuales.


La definición de marfil según la Real Academia Española es:

"materia dura, compacta y blanca de que principalmente están formados los dientes de los vertebrados, que en la corona está cubierta por el esmalte y en la raíz por el cemento. En la industria se utilizaba, para la fabricación de numerosos objetos, el de los colmillos de los elefantes."

 

Conviene dejar bien claro que la utilización del nombre vulgar de colmillos de elefante para referirse a las defensas no es acertada, ya que en realidad los llamados colmillos, provienen de la modificación de los incisivos.

 

En la práctica, la palabra marfil se aplica también a los dientes de otros animales como el mamut o la morsa, de caracteres físicos similares a los de los incisivos de los elefantes. Pero debe quedar claro que está bien aplicar la palabra marfil a los dientes de cualquier vertebrado, inclusive el hombre. Además, al hablarse de talla del marfil, puede aplicarse su contenido a la escultura realizada en otros dientes o huesos pero debemos tener presente la correcta definición de la palabra marfil indicada anteriormente y por tanto, todo material que no tenga estas características no podrá ser denominado marfil aunque en apariencia externa sea similar. Únicamente la materia que reúne dichas características es procedente de las defensas del elefante o sus predecesores. La coincidencia de otros materiales similares al marfil en aspecto general, es el tener una procedencia dental o aspecto parecido.

 

Antes de la aparición del plástico era muy usado como material de las teclas de los pianos y bolas de billar, botones y artículos ornamentales de joyería. Su tonalidad llega a tornarse más amarillenta con los años. La densidad del marfil oscila entre 1,75 y 1,90 g/cm³.

 

Se emplea marfil para adorno de muebles y en la construcción de multitud de objetos tales como cepillos, peines, puños de bastón o cajas. Existen restricciones a la exportación e importación de marfil por la matanza de animales que producen este material, pero también existe el comercio ilícito con este material o productos derivados.

 

Historia

Tanto los griegos como los hebreos y los egipcios emplearon el marfil como adorno en la decoración de salas, muebles y templos. La Biblia afirma que Salomón tenía un trono de marfil incrustado de oro  y en los museos arqueológicos se admiran gran número de objetos hechos con este material pertenecientes a las más remotas civilizaciones. El uso del marfil en las estatuas que en Grecia se produjeron prueba lo que abundaba en aquella época. Con él, Fidias hizo las famosas estatuas gigantescas de Atenea en el Partenón y de Zeus, las cuales medían 12 y 19 metros de altura respectivamente. En estas esculturas se empleaba el marfil para representar aquellas partes del cuerpo que no cubrían los vestidos. Los romanos emplearon también esta materia para la escultura y la decoración. El arte bizantino hizo mucho uso del marfil, así las puertas del templo de Santa Sofía en Constantinopla estaban adornadas con bajorrelieves de esa materia. Los antiguos utilizaron el marfil para sus escritos.

Eboraria

La eboraria es el arte específico de tallar el  marfil que junto con los esmaltes y el trabajo de orfebrería en plata, oro y en bronce, tuvieron un gran desarrollo en la época románica, especialmente en las zonas de influencia carolingia, mostraban sobre todo el poder de los que encargaban las obras, principalmente en grandes monasterios o por encargos de poderosos personajes, como decía Benedit en su viaje de san Brandán:

 

El prior de aquel lugar manda sacar sus tesoros y reliquias: las cruces, los relicarios y los libros; misales alhajados con amatistas, con piedras preciosas de muchos quilates, todas engastadas con oro; los incensarios de oro macizo e incrustaciones de gemas; las casullas de oro puro –como tan brillante no hay ni en Arabia-, con rubíes y ágatas sordas. Enormes y todas de una pieza-, con sus broches todos rutilantes con jaspes y topacios.

 

Los trabajos en marfil, metal, en bronce, oro o plata, cruces, relicarios, candelabros, la orfebrería junto con el trabajo del esmalte, alcanzó una gran perfección en objetos litúrgicos como cálices y ostensorios, cubiertas de libros o placas para frontales de altar, con las técnicas del cincelado y la filigrana, y que luego se distribuían principalmente en rutas de peregrinaje. Los olifantes eran instrumentos de viento tallados con delicadas miniaturas, en un colmillo de elefante, que utilizaban los caballeros durante la Edad Media haciéndolos sonar como señal de aviso.

 

En España desde el siglo XI hubo un gran taller de eboraria y orfebrería en San Isidoro de León, siendo una gran muestra de ello el crucifijo de don Fernando y doña Sancha y la caja de reliquias de san Juan Bautista junto con el cáliz de doña Sancha y el relicario de san Isidoro. Otro taller a resaltar fue el del monsasterio de San Millán de la Cogolla, con las arcas para reliquias de San Millán y San Felice.

 

Criselefantino o crisoelefantino (del griego χρυσός chrysos, ‘oro’, y ελεφάντινος elephantinos, ‘marfil’) es un término técnico que designa a la escultura realizada o compuesta por oro y marfil. Este tipo de imagen de culto gozó de un gran prestigio en la Antigua Grecia.


Las estatuas criselefantinas se construían sobre un marco de madera al que se sujetaban finos bloques tallados de marfil, representando la carne, y pan de oro para representar los ropajes, la armadura, el cabello y otros detalles. En algunos casos se usaba pasta de cristal, cristal, piedras preciosas y semipreciosas para detalles tales como los ojos, las joyas y las armas.


Se desconocen los orígenes de la técnica. Se conocen ejemplos del II milenio a.C de esculturas compuestas hechas de marfil y oro procedentes de regiones que más tarde pasarían a formar parte del mundo griego, siendo el más famoso el llamado Kuros de Palaikastro (que no debe confundirse con las estatuas arcaicas conocidas por este término) de la Palaicastro minoica, circa 1500 a. C. Sin embargo, no está claro si la tradición criselefantina griega está relacionada con ellos. La escultura criselefantina se difundió durante el período arcaico. Más tarde las estatuas acrolíticas, con extremidades y cabeza de mármol y tronco de madera cubierto con túnica o drapeado, serían una técnica comparable usada en las imágenes de culto.

 

Grecia clásica

La técnica se usaba normalmente para estatuas de culto dentro de los templos, que solían ser a escala mayor que la real. La construcción era modular, de forma que parte del oro podía retirarse y fundirse en monedas o lingotes en épocas de escasez, para reponerlas más tarde cuando mejorasen las finanzas. Por ejemplo, la figura de Niké que llevaba en la mano derecha la Atenea Partenos de Fidias era de oro macizo con este propósito. De hecho, en épocas de prosperidad se fundían hasta seis Nikés de oro, que hacían las veces de «tesoro sagrado» y cuya seguridad se veía reforzada por la santidad atribuida a los objetos de culto, además de por la presencia de sacerdotes, sacerdotisas y personal de mantenimiento del templo.


Los dos ejemplos más conocidos, ambos del periodo clásico, son los esculpidos por  Fidias: la estatua de 13 m de alto de Atenea Partenos de pie en el Partenón de Atenas, comenzada en el 447 a.C y finalizada en el 456 a.C y la estatua sentada de 12 m de Zeus en el templo de Olimpia, considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.


Las estatuas criselefantinas no sólo eran visualmente impactantes: también mostraban la riqueza y los logros culturales de aquellos que las construían o financiaban su construcción. La creación de una de estas estatuas implicaba habilidades en escultura, carpintería, joyería y talla del marfil. Una vez terminadas, las estatuas exigían mantenimiento constante. Se sabe que en Olimpia se empleaba personal cualificado para asegurar el mantenimiento de la estatua. En el siglo II a. C., se encargaron reparaciones al prominente escultor Damafón de Mesene.


Debido al alto valor de algunos de los materiales usados y a la naturaleza perecedera de otros, la mayoría de las estatuas criselefantinas fueron destruidas durante la antigüedad y la Edad Media. Por ejemplo, de la estatua de Atenea Partenos sólo se conserva el agujero del suelo de su templo que sostenía su apoyo central de madera. La apariencia de la estatua se conoce a pesar de todo gracias a varias pequeñas copias en mármol descubiertas en Atenas, así como a una detallada descripción de Pausanias, quien también describió la estatua de Fidias de Zeus en Olimpia. Allí se han descubierto, en el edificio conocido como «Taller de Fidias», varios de los moldes de arcilla para partes de la indumentaria de Zeus hechos de cristal o de pasta de cristal. Son los únicos hallazgos directamente relacionados con las obras más famosas del gran escultor, proporcionando así información valiosa sobre su creación.


Se han encontrado pocos ejemplos de esculturas criselefantinas. Los ejemplos conservados más importantes son fragmentos de varias estatuas quemadas (a escala menor que la real) del periodo arcaico, descubiertos en Delfos. Desafortunadamente, no se sabe a quién representan, aunque se asume que a deidades.

 

Uso contemporáneo

El término «criselefantino» se usa también para un estilo de escultura en miniatura común en el Art Nouveau de finales del siglo XIX. En este contexto, describe estatuillas con piel representada en marfil, y ropas y otros detalles hechos de otros materiales, tales como oro, bronce, mármol, plata u ónice.


En Salamanca el Museo de Art Nouveau y Art Decó, en la Casa Lis, exhibe una notable muestra de criselefantinas representativas del Art noveau de la colección del anticuario Manuel Ramos Andrade.

 

Díptico Barberini

El Díptico Barberini era un antiguo díptico imperial de marfil bizantino del que se conserva una hoja. Data de la Antigüedad tardía y actualmente está conservado en el Louvre. Está tallado en el estilo clásico conocido como teodosiano tardío, representando al emperador como un vencedor triunfante. Generalmente se data de la primera mitad del siglo VI y se atribuye a un taller imperial de Constantinopla, mientras que el emperador normalmente es identificado con Justiniano, o posiblemente Anastasio I o Zenón. Es un destacado documento histórico debido a que está relacionado con la reina Brunilda de Austrasia. En la parte posterior hay una lista de reyes francos, todos parientes de Brunilda, indicando la importante posición de las reinas dentro de las familias reales francas. Presumiblemente, ella ordenó que se inscribiera la lista y la ofreció a la iglesia como una imagen votiva.


Aunque no es un díptico consular, comparte muchos rasgos de sus esquemas decorativos. El emperador está acompañado en el panel principal por un bárbaro conquistado en pantalones a la izquierda, una figura alegórica, probablemente representando el territorio conquistado o reconquistado, quien tiene sujeta su pie en expresión de agradecimiento o de sumisión, y un ángel o victoria, coronando al emperador con la tradicional palma de la victoria (que actualmente se ha perdido). Aunque el bárbaro está en parte oculto por la enorme lanza del emperador, esta no parece atravesarle, y parece más sorprendido y sobrecogido que combativo. Encima, Cristo, con un peinado rizoso a la moda, está flanqueado por otros dos ángeles más, en el estilo de figuras de victoria paganas; reina por encima, mientras que el emperador lo representa abajo en la tierra. En el panel inferior bárbaros europeos (a la izquierda, en pantalones) y África (a la derecha, con marfil) le traen tributo, que incluye animales salvajes. La figura del panel de la izquierda, aparentemente no un santo sino que representa un soldado, lleva una estatuilla de la Victoria; su equivalente en el lado derecho se ha perdido.

 

Marfiles de la Nueva España

El marfil solía ser considerado material precioso para la elaboración de delicados objetos; hoy, en una realidad distinta, de respeto y preocupación medioambiental, el marfil es testimonio histórico, artístico y filosófico de un tiempo pasado.

La palabra marfil proviene del árabe Cazmal fil que significa hueso de elefante. Se obtiene de los incisivos de distintos animales como el elefante, morsa, narval y ballena, así como del pico del cálao.


La mayoría de las piezas que se realizaron fueron una riqueza de un legado de cultura espiritual: Budismo, Hinduismo y Daoísmo (Taoísmo). Sin embargo, a través del tiempo representaron un sinónimo de ostentación y decoro. En el siglo XVII, mientras que en Europa ya había pasado de moda la talla en los preciados colmillos de elefante y los otros animales, llegaron a América y al Viejo Continente -provenientes de Asia- imágenes de Cristos, vírgenes y santos con el brillo, transparencia y color blanquecino tan característico.


El trabajo de marfil hecho en las posesiones asiáticas de España y Portugal se conoce como estilo iberoriental, y a su vez se divide en dos: el hispano-filipino y el indio-portugés. El primero era realizado en China o Manila, y el segundo en la India y África.


Los residentes chinos en Filipinas eran conocidos como sangleyes y sobre todo se dedicaron al fino trabajo del marfil. Dado que un número importante de talladores no estaba familiarizado con el dogma católico, las estampas -sobre todo las flamencas- que ilustraban los catecismos y otros libros religiosos, sirvieron de modelo para las esculturas, siempre adoptando los rasgos de la sociedad que los produjo.

 


Escultura de marfil hispano-filipina

La Nao de Acapulco fue el puente de reunión entre Europa y el Oriente, completando el círculo que los portugueses habían trazado en sentido contrario. Uno de los resultados más bellos de esta cultura es la talla del marfil.


La eboraria es la más refinada manifestación del arte que se desarrolla en Filipinas a la llegada de los españoles. Arte mixto de caracteres europeos, de origen español que matiza de un suave exotismo oriental las tradicionales representaciones de dogma católico. Sus artificies no fueron españoles, pues la población que se traslada de las Islas fue reducida y en general construida de funcionarios y religiosos. La evangelización exigía imágenes por lo que se acudió a la población china residente fundamentalmente en Manila, los sangleyes, ‘’artistas de todos los oficios’’ y adiestrados desde siempre en la talla del marfil.


Los caracteres técnicos de su talla más específica son la configuración de sus rostros planos redondeados, casi cóncavos de perfil por su achatamiento; los cabellos tratados como hilos que caen en guedejas sobre los hombros, más naturales que en el arte lusoindo, y que conforme avanzan los años se van retirando del rostro hacia atrás en ondas. Pero, sobre todo, la configuración de sus ojos achinados de gruesos párpados superiores que insinúan una doble curva en sus extremos, carácter que también se suaviza con el tiempo.


El arte oriental no manifiesta la fascinación renacentista europea por la anatomía humana, que además requiere una gran habilidad técnica en su representación. Su indumentaria tiende a la sencillez, y aunque se inspira en modelos europeos, el tratamiento de pliegues es convencional.


Un aspecto de gran interés en este arte es la policromía que decora sus esculturas y los motivos representados en las superficies y orlas de indumentaria. La aplican directamente sobre el marfil, sin preparación base, salvo excepciones.

 

Relación de Asia a Occidente

El encuentro entre europeos, americanos y asiáticos ha devenido en una relación continua de intercambio de productos asiáticos y de diseño, donde los artífices de Oriente desbordaron su ingenio en obras para el culto cristiano. Las representaciones de Cristos, la Virgen María, santos, el Niño Jesús y la Sagrada Familia se llenaron de expresiones asiáticas.


Las representaciones de la Sagrada Familia fueron muy demandadas en Occidente. Los artistas asiáticos representaron el Niño Jesús dormido con las manos en posición de bendición y los ojos cerrados, como si fuera una imagen de Buda en meditación. Para los ropajes de sus padres se nota la volumetría propia del trabajo de influencia china, en especial en las mariposas de los pliegues para las manos. Tomaron las historias bíblicas que predicaban los sacerdotes, para reinventar la imaginería cristiana aportándoles matices orientales, surgiendo así unas imágenes de vírgenes parecidas a las deidades femeninas de Kuan Yi e incluso la imagen del Buen Pastor como la representación de la primera meditación de Buda.


La realización de estas esculturas de marfil por parte de los sangleyes, les daba a estas singulares piezas un particular aspecto orientalizante, normalmente traducido en los ojos achinados de gruesos párpados superiores, narices achatadas en el extremo en dos gruesas aletas, pequeños pliegues en el cuello y los pies más rechonchos, a la par que la aparición de nubes voluptuosas y redondeadas en las peanas, una influencia que se aprecia sobre todo en las obras del siglo XVI y principios del XVII.

 

Más avanzadas cronológicamente, en los siglos XVII y primera mitad del XVIII, aparecen piezas con rasgos occidentalizantes que se aprecian en el excesivo  movimiento de sus vestiduras, las fosas nasales perfiladas, desaparecen los ojos tan rasgados y aparecen con mayor policromía.

 

A finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, se comienzan a superponer elementos como las pelucas, ojos de cristal, bordados, excesiva coloración de los labios en color carmín, etc; para darle una mayor sensación de vida, a lo que se suma el hecho de que aumente el tamaño de las esculturas.